• Yo y Borges

    Hace ya muchos años, paseando por una calle, cualquier calle, de Buenos Aires, me pareció ver a Borges sentado en un banco con el bastón entre las manos; como aguardando. Entonces yo, que era un muchacho pálido cargado de libros, una libreta, y una pluma, me quedé pasmado sin saber qué hacer; presintiendo que si me acercaba para decirle siquiera una frase sin importancia, se me trabaría la lengua sin remedio; mudo frente a un ciego: una imagen exasperante. Y pasmado seguí una eternidad, observándolo, sin dejar de preguntarme qué clase de figuraciones míticas y conjeturas extraordinarias ocurrían en su dimensión de sombras, hasta que al fin, como para librarme de ese trance, alguien cercano lo tomó del brazo y se alejaron caminando mientras el anciano dibujaba formas en el aire con su bastón; formas que yo era incapaz de ver.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Burrito
  • Yo iba tranquilo

    Yo iba tranquilo, despreocupado. Caminaba de vuelta a la casa como camina uno a esa edad cuando se es alto y desenvuelto. La tarde era espléndida y tenía un viento de frente que despejaba mi cara. No pensaba; miraba. El cielo azul, el aire fresco y mi juventud...Yo iba tranquilo; iba feliz. Hasta que vi aquel pájaro pequeño de plumas azules y grises con un ala rota dando brinquitos, como un ángel caído.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Interseccion
  • Un cuerpo seco

    Ella se fue; como se han ido otras tantas veces; como las muchas que se irán. A estas alturas sé, lógicamente, que no es extraordinario que se vayan. Al principio no lo notan; no sé...les parezco atractivo: -mi modo de caminar -dicen -algo despreocupado. Entonces todo va bien. Yo no hago nada por evitarlo, entre otras razones, porque sería inútil y porque violentaría el curso normal de las cosas. Más bien, me voy dejando querer. Pero esa distancia que me separa de todo y que al inicio las intriga, comienza a hacerse sentir en el modo que tengo de mirar más allá de ellas, atravesándolas sin angustia, supongo; o en mi falta de sueño; o, especialmente, quizás, en la temperatura uniforme de la piel, que no se altera. Así, inevitablemente llega una mañana, cualquier mañana, en que descubren la muerte en mis ojos y se van. Entonces vuelvo a decirme que soy yo el que tiene que irse, abandonar este cuerpo seco, olvidar la esperanza absurda de sentir algo: una caricia; el calor de un cuerpo cercano, tibio; una ráfaga de viento al menos.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Sobreviviente
  • Un nuevo oficio

    Esteban era un fiel devoto, o al menos así lo creía desde que había descubierto lo bien que le sentaban la fresca penumbra y el silencio de la iglesia próxima. Entonces se dejó crecer una hermosa barba blanca a imagen y semejanza del santo del vitral, y sin nada mejor que hacer, se dispuso a aprender el oficio por su propia cuenta. Todas las tardes asistió a misa con tal atención que a los pocos meses la sabía de memoria y atendía diligentemente al servicio del altar. Pasó buena parte de sus años de solterón jubilado orando en los altares menores, vistiendo y desvistiendo santos, y limpiando reliquias, y su porte adquirió un aura de autoridad indiscutible, al punto que los fieles lo llamaban "padre Esteban". De ahí que nadie supo en qué momento comenzó a administrar los sacramentos con absoluta naturalidad apoyado por el nuevo e ingenuo cura que nunca cuestionó su magisterio.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Ascencion
  • El joven chaguaramo

    Todos los caminos conducen a mí- se decía el joven chaguaramo cada mañana en aquel paraje solitario... Hasta la tarde gris en que vio volar un centenar de golondrinas sobre su verde penacho, indiferentes y bulliciosas hacia el norte.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    foto: Henry Byron / Chaguaramo
  • Matrioskas

    Ellas eran muchas y hermosas, al punto que le era difícil decidir a cual mirar durante el sermón. Un sermón salpicado de cuentos e historias para mantenerlas cerca, atentas, con sus grandes ojos fijos en él. Y si bien no faltaba quien bostezara o se perdiera en pensamientos, el resto permanecía con él fuera del tiempo, siguiendo sus palabras y sus gestos hasta el final. Luego las veía partir, pensativo, preguntándose porqué, aun en los momentos más intensos, en los momentos en que ni siquiera parpadeaban, en los instantes en que se sentía dueño de cada una, siempre tuvo la impresión que hasta la más sincera y simple escondía algo dentro de ella. Entonces, se daba la vuelta y cerraba el portón murmurando -Ahh... mujeres!

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    foto: Fernando López / matrioskas@pudential center
  • Hasta pronto

    Vuelvo en unos meses. Quiero escribir cuentos más largos. Mientras tanto, siéntanse como en su casa, libres de entrar y salir a su antojo, de merodear entre las fotos y los cincuenta y tantos cuentos de este blog; libres de quedarse también. Hasta pronto, Dot

    Comentarios

    Paz Absoluta 1