• Después de todo

    Siendo muy joven le dijeron que todos los caminos conducen a Roma; entonces se echó a andar segura de que acabaría llegando a su destino. Se dice que llegó a Roma a los sesenta y un años, cuatro meses y cinco días, solo que no se dio cuenta; después de todo, ella ya no era la misma.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    foto: Fernando López / Después de todo
  • La esfinge

    -No hay destino, tú decides cuando bajamos- decía mi padre cada mañana de sábado al iniciar nuestros paseos en autobús por Caracas. Entonces yo pegaba mi cara al vidrio de la ventana y empezaba una película muda, la misma, frente a mis ojos: árboles ausentes al bullicio, ancianos apacibles, mujeres conversando animadamente, kioscos repletos, vitrinas, letreros, edificios grises con balcones abiertos, terrazas desiertas, y, entre todas las imágenes, especialmente, aquella antigua puerta de madera a la sombra de un roble; cerrada, siempre cerrada; como una premonición. Por un tiempo me intrigaba. A mi paso, me erguía en el asiento con la esperanza de verla abierta; de ver a través de ella el espacio que tan celosamente guardaba. Pero el ritual duró años (o así me lo pareció) y yo fui creciendo. Su obstinado mutismo fue obrando en mí, pacientemente. Un buen día me di cuenta de que había dejado de interrogarla. Su silencio me venció sin mayores aspavientos.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Endurecida
  • Clarissa

    Hacía una tarde espléndida aquel sábado de primavera. Paseaba sentada en el autobús con mi cámara colgada al cuello; las buenas imágenes saltan como liebres...En efecto, pasados unos minutos subió una niña-mujer de unos quince años. Era pálida y hermosa, y estaba en esa edad en que no sabía qué hacer con su belleza. Esta aparición que decidí llamar Clarissa tenía la actitud de quien estrena un vestido delicado y único. Ciertamente, era un vestido que parecía hecho para vestirla a ella en esa tarde despejada. Su tela blanca salpicada de flores menudas se plegaba y desplegaba alegremente con cada movimiento. Con Clarissa, la primavera irrumpió en el autobús y una brisa suave y perfumada flotaba sobre los asientos. El corto tiempo que estuvo entre nosotros (entre el chofer y el resto de unos pocos pasajeros), iba mirando a través de los vidrios con tal asombro, que se diría que había recuperado la visión de los colores hacía minutos. De vez en cuando, se volvía hacia su linda tela y la alisaba amorosamente, como acariciando a un gato pequeño y querido. A pocos metros de la catedral, Clarissa dio aviso al chofer, se paró, apuró el paso y bajó; y todos, el chofer y los pocos pasajeros que quedamos, suspiramos contagiados de nostalgia al verla alejarse.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Almas Gemelas
  • Yo iba tranquilo

    Yo iba tranquilo, despreocupado. Caminaba de vuelta a la casa como camina uno a esa edad cuando se es alto y desenvuelto. La tarde era espléndida y tenía un viento de frente que despejaba mi cara. No pensaba; miraba. El cielo azul, el aire fresco y mi juventud...Yo iba tranquilo; iba feliz. Hasta que vi aquel pájaro pequeño de plumas azules y grises con un ala rota dando brinquitos, como un ángel caído.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Interseccion
  • Matrioskas

    Ellas eran muchas y hermosas, al punto que le era difícil decidir a cual mirar durante el sermón. Un sermón salpicado de cuentos e historias para mantenerlas cerca, atentas, con sus grandes ojos fijos en él. Y si bien no faltaba quien bostezara o se perdiera en pensamientos, el resto permanecía con él fuera del tiempo, siguiendo sus palabras y sus gestos hasta el final. Luego las veía partir, pensativo, preguntándose porqué, aun en los momentos más intensos, en los momentos en que ni siquiera parpadeaban, en los instantes en que se sentía dueño de cada una, siempre tuvo la impresión que hasta la más sincera y simple escondía algo dentro de ella. Entonces, se daba la vuelta y cerraba el portón murmurando -Ahh... mujeres!

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    foto: Fernando López / matrioskas@pudential center
  • Sobre apariciones

    Más acá de la colina existe un cementerio; unas cuantas cruces torcidas y unas lápidas sin nombre es lo que queda de el, porque son muertos de otros tiempos; muertos olvidados. Por eso yo venía tranquilo hacia mi casa aquella noche de luna en la que, como de costumbre, tarareaba para sentir compañía y ahuyentar a las culebras; sólo que esta vez me callé de golpe para oír un gemido... un lamento de una tristeza tan honda que en lugar de hacerme correr de susto, se me metió en el cuerpo como un mal sueño. Entonces lo vi: era una presencia baja y jorobada como un cuervo antiguo y tenía la mirada de los seres perdidos; de los seres sin memoria. Incapaz de dejarlo en ese estado, me acerqué a él, lo tomé del brazo -por decirlo de alguna manera- y lo conduje hasta mi casa con la sensación extraña de estar empujando un cuerpo de aire denso y frío. No volvió a lamentarse, pero su triste condición fue invadiéndolo todo: los pájaros volaron a otros patios, los árboles botaron sus hojas, los colores empezaron a perderse en un gris indefinido. La vida se fue alejando... Ante el inminente contagio, una mañana de abril recogí unas pocas cosas, cerré la casa, corrí a la estación, y compré un boleto sin retorno.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    foto: Clara Ruiz / Lo Que Queda
  • Hasta pronto

    Vuelvo en unos meses. Quiero escribir cuentos más largos. Mientras tanto, siéntanse como en su casa, libres de entrar y salir a su antojo, de merodear entre las fotos y los cincuenta y tantos cuentos de este blog; libres de quedarse también. Hasta pronto, Dot

    Comentarios

    Paz Absoluta 1