• El mismo sueño

    Al cabo de dos años soñando el mismo sueño (un sueño banal en el que era interrumpido en su lectura por un hombre que lo molestaba con comentarios sin importancia), Aurelio había agotado los recursos razonables para cambiar la suerte de sus noches, recursos que habían llegado al extremo de reubicar su sitio de lectura en lugares impropios o de disimular su apariencia con ropas y postizos. Vencido por este individuo que parecía no tener otro oficio que importunarlo, decidió de mala gana limitar sus ratos de lectura a la vigilia.

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    Paz Absoluta 1
    foto: Henry Byron / Recurrencia
  • La mirada de Arsenio

    Mientras otros niños seguían el curso de la pelota o el vuelo del papagayo, él estaba extasiado frente a los reflejos multicolores de los cristales de la lámpara o descifrando la dirección del viento por el ir y venir de las hojas secas sobre el patio. Y si bien creció ausente de los grandes acontecimientos, su afición a fijar su mirada en lugares inverosímiles le dio acceso a un mundo de otra escala. Para Arsenio no había espacio vacío ni superficie homogénea; todo bullía de vida bajo la luz adecuada. Entonces se hizo fotógrafo. Y mientras otros vivían para el amor, para el trabajo, o para los hijos, él pasó la vida detrás del lente de una cámara, perdido en una dimensión paralela de infinita complejidad, que el resto, ocupado en sus asuntos, era incapaz de ver.

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    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Hanging In There
  • Emma

    Amaneció muerta en la misma posición en que permaneció los últimos treinta años de su vida: sentada en la silla de madera frente a la ventana de su cuarto; erguida y hermética. Y lo que antes se murmuraba, ahora se conversaba libremente:
    -Esa perdió la cabeza por un general que pasó reclutando hombres y revolviendo corazones -decía León, el farmaceuta.
    -Era una santa que se fue al cielo mucho antes de morirse -suspiraba Doña Angela.
    Su prima en un lamento: -Emma, la pobre, cuentan que nació así, como ausente-.
    O la viuda de Peña a las puertas de la iglesia: -Nos vigilaba sin descanso la muy bruja; leía nuestros pensamientos para atormentarnos en silencio-.
    Lo cierto es que la silla quedó ahí, frente a la ventana abierta hacia la plaza, provocando los mismos temblores y oraciones, o simplemente asistiendo, como un testigo mudo, a los avatares de Tácata.

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    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / En La Red
  • Visiones

    Hay visiones que detesto -se dijo cerrando violentamente la cortina con una mano deformada por la artritis, esa enfermedad que se ha depositado en sus rodillas, en su codo izquierdo, en sus manos y dedos, como lazos de hierro que la van sujetando a la silla de ruedas. Fuera de su ventana, la palmera indiferente danza enloquecida con el viento.

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    Clara Ruiz / A Traves
  • Alba

    Si en vida nadie había creído en ella, no veía porqué habrían de hacerlo después de muerta; entonces decidió no interrumpir su rutina habitual. Luego de orar, se dedicaba a limpiar el antiguo convento: hoy los vidrios de los altos ventanales, mañana los corredores y pasillos, al otro día los baños... hasta que al final de la semana no quedaba un rincón que no hubiera sido frotado por los trapos y plumeros de Alba, que habituada desde siempre a no ser vista, no notó la extrañeza que producía el movimiento inexplicable de los muebles, la sacudida de las cortinas, los ruidos de sus manos invisibles. Al poco tiempo de su muerte, su nombre corría de boca en boca y se le atribuyeron los milagros cotidianos del brillo impecable de las cosas y la aparición de los objetos perdidos. Pero ella, absorta en el polvo y en las telarañas, se mantuvo ajena a su importancia mientras atendía, sin saberlo, a ruegos y oraciones en pequeños altares.

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    Paz Absoluta 1
    foto: Clara Ruiz / Peace
  • Garabatos

    Mi única defensa era escribir cada palabra que ellos decían, pero mi mano era lenta y floja y sus palabras volaban como aviones de papel por la habitación. Decidí continuar. Transcribía palabras sueltas, palabras que atrapaba; sabía bien que tenía que salir de ahí con una historia creíble. No se me ocurrió ni por un instante que a mi vuelta no tendría más que un montón de garabatos sin sentido; como la visión de un collar roto cuyas cuentas han estallado contra el piso. Fue así como paré en este asilo para locos desmemoriados condenada a buscar y ensartar recuerdos.

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    Clara Ruiz / Garabato
  • Hasta pronto

    Vuelvo en unos meses. Quiero escribir cuentos más largos. Mientras tanto, siéntanse como en su casa, libres de entrar y salir a su antojo, de merodear entre las fotos y los cincuenta y tantos cuentos de este blog; libres de quedarse también. Hasta pronto, Dot

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