• Ella se fue

    Su partida no fue un hecho rápido, contundente; hubiera sido todo más fácil. Ocurrió más bien como un lento distanciamiento; como alguien que se va alejando hasta desdibujarse y desaparecer.
    Las primeras señales fueron cambios sutiles: el tono de su piel, por ejemplo, que comenzó a apagarse; o una extraña forma de fijar su mirada en lugares sin importancia. Con los días se volvió ligera, casi ingrávida, y sus silencios se prolongaron por horas. Podría decirse que fue creando el vacío antes de irse o que estaba ensayando la muerte. Toda ella se fue atenuando.
    Una tarde triste de abril, me miraron sus grandes ojos -que eran lo único cierto que quedaba en su cuerpo translúcido- y desapareció sin dejar rastro; tan sólo un olor suave que desde entonces, me sigue a todas partes.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Prayer
  • Aura

    A sus cincuenta años, Aura sabía que no pertenecía a ese grupo de mujeres inquietas que era su familia. Ya había hecho grandes esfuerzos para ser asimilada y no había logrado estar a su altura. No era la suya una condición congénita; más bien el producto de un fuerte golpe en la cabeza que hizo volar los circuitos de su cerebro y la dejó suspendida en un limbo durante meses cuando era niña. Fueron necesarios el apoyo de las infatigables mujeres de su vida y el paso de los años, para rehacer los aprendizajes mínimos que le permitieran parecer normal. Habituada a ocupar lugares de relleno en la vida ajena, era común verla sentada en la sala entre la visita, asintiendo como quien sigue con interés la conversación, o repartiendo el guarapo de papelón con una sonrisa. Pero ella se sabía extraña, en especial desde que había descubierto su clara afinidad con Roberto, el loro que permanecía en la inmensa jaula del patio desde hacía meses. Descubrirse en la mirada lateral y fija de Roberto y en sus respuestas vacías de sentido, le causó gran alivio. Cansada de asistir a la vida de otros, un lunes de mayo se levantó, se fue directo a la jaula, se metió dentro y se encerró en ella, feliz con su primer acto de libertad.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Curioseando
  • Otoño

    Ese color no te sienta bien- le oyó decir. Ella se miró al espejo. Estaba vieja; con esa vejez que cae repentinamente como caen las hojas de otoño. Marrón, marrón sepia, marrón madera, marrón tierra era su vestido. Y entonces, por esos giros misteriosos de la mente, recordó el café que tenía servido en la cocina; cargado y humeante como le gustaba. Se alisó las arrugas de las mangas y, dejando su nuevo rostro olvidado en el espejo, se dio la vuelta.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Hacia La Fuente
  • El paso

    Estaba fijo en un paso. Fijo a la tierra que era su elemento. Su copa parecía olvidarlo cuando se mecía con el viento de la tarde. Entonces, mirado desde arriba, era un barco anclado sobre un mar ondulante. Barco viejo y resabiado, asido y feliz; veía pasar la vida eternamente creyendo que iba a alguna parte...

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / El Paso
  • Un rostro ajeno en el espejo

    No era la casona de oscuros pasillos lo que más la disgustaba, ni la comida mal servida en una vajilla barata, ni el ser conducida de aquí para allá por una mujer ausente y fría como la muerte; tampoco el silencio opresivo de esa mansión poblada de presencias mudas, incapaces de verla, ni las paredes blancas, desnudas, como su mente; ni siquiera el saberse perdida para siempre en un punto de su historia; era el rostro ajeno y hostil que la miraba con insistencia cada mañana mientras la peinaban frente al espejo.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Fantasmas
  • Truhán

    Disfrazado de truhán, deambula por la calle aquella noche de carnaval. Con paso pendenciero y un tabaco en la boca, aspira revertir, al menos por esa noche, su irremediable tendencia a ser embaucado por las mujeres. No ha recorrido mucho, cuando ve que se acerca la mujer más hermosa que se ha visto en el pueblo. Sus ojos increíbles y rasgados lo miran fijamente detrás de un antifaz. Clavado en el sitio por aquella mirada, decide no abrir la boca convencido de que el tabaco tiene un rol determinante en ese encuentro. Envalentonado, la toma por las caderas y empiezan a bailar cadenciosamente. Su piel es suave como las plumas... Al poco rato, convencido de su truhanería y embriagado, la agarra por el cuello e intenta besarla. Entonces ella, con una rapidez inusitada, se sacude, se da la vuelta, y corre sobre dos patas largas. Atontado por la impresión, ve alejarse un penacho de plumas que abriendo dos grandes alas, echa a volar.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Imperial
  • Hasta pronto

    Vuelvo en unos meses. Quiero escribir cuentos más largos. Mientras tanto, siéntanse como en su casa, libres de entrar y salir a su antojo, de merodear entre las fotos y los cincuenta y tantos cuentos de este blog; libres de quedarse también. Hasta pronto, Dot

    Comentarios

    Paz Absoluta 1