• Yo iba tranquilo

    Yo iba tranquilo, despreocupado. Caminaba de vuelta a la casa como camina uno a esa edad cuando se es alto y desenvuelto. La tarde era espléndida y tenía un viento de frente que despejaba mi cara. No pensaba; miraba. El cielo azul, el aire fresco y mi juventud...Yo iba tranquilo; iba feliz. Hasta que vi aquel pájaro pequeño de plumas azules y grises con un ala rota dando brinquitos, como un ángel caído.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Interseccion
  • Después de todo

    Siendo muy joven le dijeron que todos los caminos conducen a Roma; entonces se echó a andar segura de que acabaría llegando a su destino. Se dice que llegó a Roma a los sesenta y un años, cuatro meses y cinco días, solo que no se dio cuenta; después de todo, ella ya no era la misma.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    foto: Fernando López / Después de todo
  • Una tarde cualquiera

    Está cautiva en un cuerpo viejo que ha decidido echarse a morir. No hay dolor; se va muriendo a pedazos. En cambio su mente, lúcida y despierta, no se reconoce en esa ruina. Una mente que sabe, por ejemplo, que están por llegar las lluvias y no se han reparado las goteras de la sala; sabe cuando las arepas se queman en el budare por ese olor particular de la masa tostada; sabe que afuera los helechos se mueren de sed... Y ella ahí, en medio de esos dos tiranos, con la mirada fija frente a su cama, en un reloj de pared que se detuvo hace meses y permanece varado a las 2:15 de una tarde cualquiera.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Fachada
  • Visiones

    Hay visiones que detesto -se dijo cerrando violentamente la cortina con una mano deformada por la artritis, esa enfermedad que se ha depositado en sus rodillas, en su codo izquierdo, en sus manos y dedos, como lazos de hierro que la van sujetando a la silla de ruedas. Fuera de su ventana, la palmera indiferente danza enloquecida con el viento.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / A Traves
  • Un rostro ajeno en el espejo

    No era la casona de oscuros pasillos lo que más la disgustaba, ni la comida mal servida en una vajilla barata, ni el ser conducida de aquí para allá por una mujer ausente y fría como la muerte; tampoco el silencio opresivo de esa mansión poblada de presencias mudas, incapaces de verla, ni las paredes blancas, desnudas, como su mente; ni siquiera el saberse perdida para siempre en un punto de su historia; era el rostro ajeno y hostil que la miraba con insistencia cada mañana mientras la peinaban frente al espejo.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Fantasmas
  • Un nuevo oficio

    Esteban era un fiel devoto, o al menos así lo creía desde que había descubierto lo bien que le sentaban la fresca penumbra y el silencio de la iglesia próxima. Entonces se dejó crecer una hermosa barba blanca a imagen y semejanza del santo del vitral, y sin nada mejor que hacer, se dispuso a aprender el oficio por su propia cuenta. Todas las tardes asistió a misa con tal atención que a los pocos meses la sabía de memoria y atendía diligentemente al servicio del altar. Pasó buena parte de sus años de solterón jubilado orando en los altares menores, vistiendo y desvistiendo santos, y limpiando reliquias, y su porte adquirió un aura de autoridad indiscutible, al punto que los fieles lo llamaban "padre Esteban". De ahí que nadie supo en qué momento comenzó a administrar los sacramentos con absoluta naturalidad apoyado por el nuevo e ingenuo cura que nunca cuestionó su magisterio.

    Comentarios

    Paz Absoluta 1
    Clara Ruiz / Ascencion
  • Hasta pronto

    Vuelvo en unos meses. Quiero escribir cuentos más largos. Mientras tanto, siéntanse como en su casa, libres de entrar y salir a su antojo, de merodear entre las fotos y los cincuenta y tantos cuentos de este blog; libres de quedarse también. Hasta pronto, Dot

    Comentarios

    Paz Absoluta 1